Wednesday, December 4, 2013

...Al fin se rindió Granada. Balance de "Isabel".

El lunes por la  noche pudimos asistir al último capítulo de la segunda temporada de  Isabel, en la 1 de TVE. Así, ya en  enero de 1492, se nos mostró la entrega de las llaves de Granada por Boabdil a los Reyes Católicos, en una emocionante y bella escena claramente inspirada (era un calco) en el célebre cuadro de Francisco Pradilla (1882) sobre la rendición de la ciudad. Tantos anhelos, tantas esperanzas en ese momento de las llaves, por fin el triunfo total llegaba después de más de 700 años de Reconquista...Granada era cristiana. 


Aunque el capítulo no acabó ahí, pues luego se versó sobre la consiguiente expulsión de los judíos, la reorganización del reino y todo lo relativo al viaje de Colón, la escena de Granada era claramente la más importante y el final rotundo de estas dos temporadas de serie, desde que comenzaran con la infancia y adolescencia de Isabel, hacia el año 1461. Pese a las dificultades económicas y las incertidumbres, el éxito (tanto en audiencia, como en crítica y en premios)  de la serie ha sido tal que en poco tiempo tendremos una nueva temporada, ya centrada en los primeros años en América, las relaciones con el Papa Borgia, la figura de  Cisneros,  los asuntos de Italia o los matrimonios de los hijos de los reyes.

Ya comenté por aquí hace tiempo la larga espera hasta ver la serie y, en su momento, no me decepcionó, acostumbrado como está uno al bajo nivel de las producciones españolas y más si son de tipo histórico (Toledo, Hispania, Eboli,  ¡ejem!). Isabel, vuelvo a repetir, se elevó y se eleva por encima de todas por su cuidada ambientación (aunque a veces abusa de los efectos digitales, notándose demasiado)  , el buen gusto,  la cierta calidad de sus diálogos, el uso de un lenguaje correcto con pocas licencias actuales,  lo notable del trabajo de un buen número de actores y actrices   y, también, porque enseña historia y divierte a quien hasta ese momento la tuviera recluida y arrinconada en los libros. Ya dije  hace más de un año, con los capítulos más exitosos,  que en una librería ví a una mujer preguntar por  "algún libro de Isabel la Católica".

Y sí, la ambientación es en general buena, con predominio de las escenas de interior sobre las de exterior, el uso de las fortalezas castellanas que aún quedan en pie y un hasta cierto punto lujoso vestuario, rico en detalles.  La música además acompaña, aunque quizá se echa en falta alguna composición de la época  y más de un villancico o un romance cantado. Los diálogos son rotundos, atrayentes y de calidad, huyendo de la chabacanería habitual, usándose como digo un lenguaje más o menos parecido al de finales del siglo XV en Castilla, pero con ciertas y lógicas licencias, para agilizar las conversaciones y hacerlas más atractivas para el espectador medio, aunque un historiador o un filólogo quedaría completamente feliz si los personajes de Isabel hablasen como se puede leer en Fernando del Pulgar, Juan del Encina, Hernando de Talavera  o en cualquiera de los muchos documentos firmados por los reyes.
También son buenas la mayor parte de las interpretaciones, destacando Fernando (Rodolfo Sancho), el marqués de Villena (Ginés García Millán, éste de la primera temporada), el arzobispo Carrillo (Pedro Casablanc) , Chacón (Ramón Madaula),  fray Hernando (Lluís Soler), el Muley Hacén (Roberto Enríquez) e incluso la propia Isabel (pese a mis reservas iniciales, me ha acabado sorprendiendo Michelle Jenner).

Por contra, siendo más frío y crítico,  la serie también tiene sus defectos.

Uno de los más notorios es la narración acelerada de los acontecimientos en ciertos pasajes de la serie, pues los años se nos muestran volando, un paso del tiempo que no se refleja adecuadamente en el envejecimiento, al menos aparente, de los personajes principales (de esto también adolecía Los Tudor). Michelle Jenner (27 años) interpreta a Isabel desde que ésta tiene 16 años, en 1467. Hasta 1492, ya una mujer de 41 años, su aspecto físico es prácticamente el mismo, con la única diferencia de cubrir su larga melena castaña, cuando realmente Isabel a esa edad debía notársele mucho el paso del tiempo, teniendo en cuenta la esperanza de vida por aquellos entonces,   y más con la vida itinerante que siempre tuvo y que también tuvo Fernando de Aragón. El actor que interpreta a éste, Rodolfo Sancho (38 años, algo que se nota muy mucho en contraposición a Jenner) también presenta prácticamente la misma apariencia siempre, y eso teniendo en cuenta que cuando se casó, en 1469, tenía sólo... ¡17 años! (era un año menor que Isabel). Eso sí, la barba que no falte. Prácticamente todos los personajes principales la lucen, aun cuando en esta época lo normal entre nobles y personalidades era ir afeitado, y el vello capilar quedaba para  el vulgo, ciertos religiosos, eremitas, o artistas. Fernando, el Gran Capitán, Colón, Chacón, Cárdenas,  Beltrán de la Cueva, etc, todos,  llevan barbita ; y en los retratos y testimonios  de la época podemos ver que no la presentaban, pero  en pantalla siempre queda más romántico. 

 En el bando contrario, los nazaríes cuentan con la enorme suerte y ventaja de vivir en la Alhambra (se abrió de nuevo después de muchos años para las cámaras) , y en cuanto a su representación -interpretaciones de los actores aparte-  es realista, pero adolece un tanto de ese filoarabismo dominante, que tiene a idealizar demasiado a los árabes y musulmanes, en la línea del romanticismo del siglo XIX.  Aunque la verdad, siempre me parecieron atractivas figuras como la del Mulay Hassan (o Muley Hacén), padre de Boabdil y antepenúltimo emir de Granada, quien eligió ser enterrado en el lugar más alto y más alejado de las personas: en el mayor pico de Sierra Nevada, que se llama así (Mulhacén) en su honor. 

Más defectos o aspectos a mejorar, y no quiero ser exhaustivo, serían también las confusas escenas de acción y el desaprovechamiento del paisaje castellano, tan rotundo en su grandeza. Desde la Cordillera Cantábrica a Sierra Morena hay extensos campos, dorados, legendarios, sencillos pero grandiosos, perfectos para ser filmados. Además, en la serie exponen como muy fácil  y casi instantáneo el viajar por ejemplo de Burgos a Toledo, de allí a Zaragoza, o a Sevilla, y de allí a Sintra, para luego llegar hasta Barcelona pasando por Segovia, cuando hay cientos y cientos de kilómetros, accidentes naturales, inclemencias del tiempo y asaltadores de caminos.  Por otra parte, al ser una serie española se notan las lógicas limitaciones de presupuesto, y tanto cuando se emplean los efectos por ordenador se nota demasiado (por ejemplo una Sevilla bastante irreal que parece sacada del  Age of Empires)  como en las luchas entre hombres, que se suelen limitar a pequeñísimos grupos, una cabalgada y dos espadazos. 

Por último, un detalle que quizá haya gente le parezca sin importancia, pero para mí si la tiene y lo he ido constatando capítulo a capítulo. En la serie, aun siendo fidedigna y correcta en mayor o menor medida en cuanto a rigor histórico, nadie dice, ni en voz alta ni en voz baja, la palabra maldita: España. No sé si por llevar la corrección política al máximo, o porque Isabel es un producto mayormente catalán, en cuanto a dirección, guionistas, producción y demás (aunque pese a ello, han sido vetados para rodar en Barcelona, tal vez por ser una serie de historia verídica de España) o por otra razón, pero se han cuidado muy mucho de que nadie lo diga.  Así, abusan del Castilla, del Aragón y de la Península. Aclaremos, los Reyes Católicos nunca se llamaron a sí mismos ni dentro de sus reinos "Reyes de España", aunque curiosamente en Europa sí se les conocia así...pero de ahí a desterrar de la serie el término, cuando era habitualmente usado entre las gentes y en los escritos, media un trecho. Vamos, con total seguridad a Fernando no le dijeron "Majestad, habéis conseguido unificar la Península" , como se vio en el capítulo. Por cierto,  cuando Cristóbal Colón llegó en 1492  al actual país de República Dominicana, llamó a la isla "La Española" (la "Hispaniola" de los piratas ingleses). Le bautizó como La Española, no La Castellana o La Peninsular


Aún así y expuesto todo lo anterior, Isabel es una estupenda serie, que acerca, divierte e instruye al público en general sobre las características y vicisitudes de una época irrepetible y crucial en la Historia de España. Una época injustamente olvidada y denostada por haber sido exaltadas sus virtudes (que las tuvo, indudablemente) y minimizadas sus sombras (que también las tuvo) por el régimen dictatorial de Franco. Pero ahora, muchos años después, vuelve a la actualidad en la mejor de las formas. Por centrarme en sus dos figuras principales, refleja muy bien, por un lado,  la personalidad mujeriega, calculadora, sagaz  y astuta de todo un Fernando II de Aragón, verdadero inspirador de "El Príncipe" de Maquiavelo, y las lógicas rencillas y tensiones que tuvo con los castellanos y con su propia mujer la reina, pues él en Castilla pintaba menos. Por otro, la figura  sufridora, virtuosa y religiosa (pero religiosa como era lo habitual) y la vez rígida y poderosa de Isabel I de Castilla. Por cierto, que en la serie se da una imagen de Isabel más suavizada e idealizada de carácter a como fue en realidad, descargando el peso de las decisiones más polémicas  (como la expulsión de los judíos, acto que es necesario entenderlo en su contexto, pues,  por ejemplo, Inglaterra la había efectuado ya en 1290, y Francia en el siglo XIV, o la Inquisición)  en figuras malvadas por antonomasia como fray Tomás de Torquemada. 

Pero, en suma, fueron dos monarcas excelsos, dos figuras irremplazables, con sus luces y sus sombras,  que con su unión (matrimonial y de reinos) y con sus acciones y decisiones cambiaron para siempre el destino de una España que salía de la Edad Media y de la Reconquista,  erigiéndola en  una de las monarquías más poderosas del mundo y expandiéndose además por un nuevo continente: las Indias (América). España, o la Monarquía Hispánica,  con Castilla, Aragón y demás reinos y posesiones, iba a cambiar el mapa de Europa y de los vips del continente no iba a salir, con altibajos,  hasta 1815. 

Larga vida a los Reyes Católicos. Y muy bien por Isabel.


 
- Lo mejor: la ambientación, el cierto rigor histórico, el buen gusto en general,   el trabajo de los actores y las actrices, los diálogos de calidad, y la enseñanza que de la Historia de España efectúa, con ciertos acontecimientos y personajes muy bien recreados.

- Lo peor: el uso chapucero del ordenador, la narración apresurada sin correspondencia con el envejecimiento de los personajes y a veces con confusión de los acontecimientos, las escenas de acción, la banda sonora rimbombante y   demasiado fuerte y solemne en ocasiones donde los momentos no lo son tanto, y la corrección política (omisión de "España").

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